EL VIAJE DE REGRESO A CASA

Por Rodrigo Joaquín del Pino

Todos recordamos la parábola del hijo pródigo, en la que un muchacho, hijo de un hombre rico, le reclama al padre su parte para irse a un viaje sin retorno, y por tanto tiempo que al cabo termina olvidando su identidad. Cuando es encontrado después de años, perdido y sin recursos, alguien le recuerda quién es y le aconseja que regrese a su casa. Cuando vuelve ante su padre, le pide ser tratado como un siervo más. Pero el padre, emocionado, viste a su hijo con las mejores vestiduras y hace una gran fiesta en su honor, asegurándole que jamás perdió ni perderá su condición de hijo muy amado.

Cuando nos rendimos a la ilusión de pensar en la escasez o en la enfermedad ya hemos perdido la noción y la experiencia de quiénes somos y de dónde venimos. Pensar en la muerte con temor es negar nuestra naturaleza eterna. Sufrir nuestra falta de recursos es no reconocer nuestro potencial como manifestadores de realidades hermosas y benéficas. El término inspiración, o estar en el espíritu, nos señala la condición necesaria para la mente, más allá de la percepción aparente. Los temores a cualquier supuesta falta o insuficiencia personal se liberan trabajando en servicio a los demás, pero si persisten en la mente como un patrón continuo deben ser observados, perdonados y entregados cada vez que surgen como incomodidad en la superficie mental.

La mente puede vivir en su esencia o verdad de manera constante aunque todavía mire un mundo de perplejidad. Compasión no es solamente ayudar a otros por pobreza o enfermedad, sino despertarlos del sueño de sus creencias de ser menos de lo que son, y como resultante, del sueño de sus creencias de escasez.

Ya sabes que el mundo es una pantalla neutra que reflejará la acumulación de pensamientos pasados que todavía no has aprendido a liberar. Lo que observas del mundo no es la verdad ni la causa de lo que te sucede, sino que es un síntoma de tu mundo interior reflejado. No ves el mundo, ves los significados que le das a tu mirada. Las experiencias propias del pasado que no pudimos liberar en el amor y el perdón, y que por lo tanto guardamos como defensas, no nos permiten ver el mundo real. Pero aquellas vivencias (con padres, tutores, parejas, etcétera), liberadas en el amor y el perdón, favorecen la comunicación divina y establecen una percepción sana de nosotros mismos y del mundo que observamos.

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La Paz Interior

Por Rodrigo Joaquín del Pino

“Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un vagón y, como quedaban muchas horas para llegar a destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

-¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!” *

La mente que está influenciada por el ego siempre tiene problemas. Cuando no hay problemas aparentes, tiene que imaginarlos, y estos serán tan ficticios como las soluciones que intentará buscar. Por lo tanto, el conflicto en si, es lo que le otorga permanencia al ego, y por consiguiente, a la sensación de la falta de paz.

La paz no proviene del ejercicio de la mente o del pensar común, sino de su descanso, cuando entregamos nuestros juicios y valoraciones a Dios o al Guía, que también mora en nuestro interior. Si no hay confianza habrá miedo y si hay miedo, la paz se experimentará como una ilusión más. La mente se encuentra ahora bajo la jurisdicción del ego. El ego es la percepción limitada y adquirida que poseemos del mundo, de Dios y del yo, el cual necesita sostener apegos y temores en forma de objetos y personas. Su obsesión por los cuerpos, símbolos de lo temporal, le asegura la sensación de un mundo desigual e injusto que no le otorga paz. Se manifiesta en la forma de una voz que nos habla, y que nos habíamos acostumbrado a creer que éramos nosotros mismos simplemente pensando. El ego se manifiesta también en forma de la percepción sufriente e irremediable que tenemos del mundo, los impulsos corporales inadecuados de comer y mantenernos, y los conceptos intelectuales que se utilizan como defensa y ataque.

Por lo tanto, la paz interna se va estableciendo a través de la liberación gradual de la influencia del ego sobre nuestra mente, hasta su liberación final, donde se vuelve muy clara la voz divina del amor y tenue o nula la voz del ego. Al ser el ego un sistema de pensamiento, cada pensamiento de dolor en uno o en otros, cada sensación de escasez individual o colectiva, y cada sentimiento de temor por la causa que sea, debe ser observado, perdonado y entregado/liberado a la propia Divinidad Interna en el momento en que aparece en la conciencia. Podemos inhalar profundo y rezar así: “entrego esta percepción o pensamiento de incomodidad”, inhalar nuevamente y rezar “gracias” hasta sentir paz. Lo podemos hacer mientras nos duchamos, en la cocina, en el auto y donde sea que nos encontremos. Sin duda es mejor estrategia buscar primero la paz en nuestra mente, luego en el mundo. Es como consecuencia de las liberaciones del propio pensamiento erróneo o carente de amor, que comienza a suceder la paz.

La observación (testigo) de los pensamientos, sin desesperarnos, ni culparnos, sin el ánimo de eliminarlos, y sin buscar gloria por esto, dará comienzo a las sensaciones reales de paz en la mente. Con sólo sentarte 10 minutos por día en silencio y dedicado a la ciencia de la observación neutral de la conciencia, el proceso de liberación da comienzo.

Bajo la influencia del ego pensamos que la felicidad puede llegar sin la vivencia previa de la paz pero esto es un error, y muy común. El ego no tolera ni conoce la paz, y al no conocer ni vivenciar la paz, confundimos la euforia con la felicidad que de hecho buscamos. La concreción de los deseos no puede producir felicidad cuando todavía no hallamos la paz que sólo en nuestra mente sana o libre de dualidad debemos encontrar. Pero cuando satisfacemos deseos desde la alegría inmutable de habernos encontrado en nuestro centro de paz, impecabilidad, gratitud a la Fuente Divina e igualdad con todos, expandimos virtud en la Tierra. La armonía social y global se está estableciendo gradualmente por enseñar el amor con el ejemplo.

Es entonces, cuando todo lo que percibimos se vuelve de naturaleza espiritual, tal como se afirma en el verso famoso del Bhagavad Gita 4.24: brahmarpanam brahma havir, brahmagnau brahmana hutam.*

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*Cuentos clásicos de la India, recopilación de Ramiro Calle.

*Traducción: Cuando la mente de una persona está iluminada debido a su constante contribución al propósito espiritual, todo lo que ofrece y percibe se vuelve de la misma naturaleza espiritual incondicionada.

Publicado en el Ciudadano, sábado 17 de septiembre de 2011

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Soltar, el arte del bienestar

Por Rodrigo Joaquín del Pino

Quizá pocas personas vivencian la plenitud del momento presente, pero muchas están creando el ambiente para hacerlo. Los instantes de quietud nos posicionan como observadores imparciales dentro del drama en el espacio-tiempo. Encontramos nuestra identidad real en un instante de quietud, lo cual demuestra una contraposición con las imágenes articuladas por el ego acerca de nosotros mismos, por eso es necesario soltar esas imágenes.

El ego inventa el futuro a través del deseo y fabrica el pasado a través del lamento. Pero ni el pasado, ni el futuro existen en verdad, son sólo presentes recordados o anhelados.

Pensar, sentir y desear son facultades de la mente menor. La mente mayor no está asociada a los sentidos del cuerpo. Aunque pensar, implica estar en el pasado, es difícil reconocerlo. Nos resulta arduo comprender que nuestra mirada convoque ineludiblemente al pasado. Aun así, estar en el momento presente, y sentir ese instante, requiere soltar pensamientos de separación como una práctica constante. Nuestra mirada está construida a través de numerosas asociaciones subconscientes que nos llevan a registrar formas, colores y demás patrones que hacen de todo el conjunto, un recuerdo.

Es por eso que no pensar nos relaja, y al principio de la práctica la persona se duerme. El silencio nos remonta a un estado desconocido pero de insondable paz. Mirar este mundo y declarar “no entiendo nada”, nos abre los portales a un nuevo reino, sin límites. Aunque vamos contactando con un torbellino de pensamientos atrasados, un ser profundo parece darnos la bienvenida. En ese estado el ego ya no puede etiquetar ni nombrar a los objetos como antes. Hay una ciencia en Oriente que enseña por medio de la repetición de mantras (sílabas sagradas) a salirnos del tiempo lineal y su condicionamiento. El libro Un curso en milagros nos brinda una guía invaluable para el desasimiento del ego. La idea detrás de los sistemas de meditación tradicionales es soltar las creencias fabricadas por el ego y así limpiar las estructuras de pensamiento basados en el temor.

Cierta vez, un profesor de meditación preguntó a un caballero, a solas, luego de su clase:

—Señor ¿usted tiene miedos? —¡En absoluto! –respondió el caballero–

Con aceptación el profesor asintió e hizo una segunda pregunta:

—¿Quizá tenga alguna preocupación? —Oh! Muchas. ¡Como todos! –exclamó el caballero–

—Bueno. –dijo el profesor– —Junte todas sus preocupaciones y hallará un gran miedo.

Las sensaciones de temor, culpa o ira deben ser liberadas por nosotros a través de la observación detenida y una aceptación profunda en la calma de nuestros días. Pero en general, nuestro ego cubre con placeres efímeros estas sensaciones que vienen del pasado, o las sostiene día tras día justificándolas como preocupaciones “razonables” dentro de un mundo de supervivientes. No las enfrenta en la mente para verlas, aceptarlas y liberarlas. De esta manera, las asentamos y nos demostramos que son reales y temibles. Esta evasión en nuestra mente permite que se sigan manifestando realidades o sucesos que son exactamente aquellos que no queremos y que luego criticamos duramente en el mundo.

El ego emite constantemente declaraciones para tapar la verdad más obvia: “Tienes todo y no necesitas más que reconocer tu compleción o abundancia”. El ego busca completarse con cada compra, con cada relación, con cada ganancia y con cada mención, pero nunca lo logra. Esto sucede porque el ego fue engendrado justamente como portavoz de la ilusión de escasez y de la creencia de haber ofendido a Dios. Así que buscar la felicidad en el mundo que ve el ego es la mejor garantía para la infelicidad.

Somos completamente nosotros cuando soltamos todas las conductas defensivas, aprendidas en el mundo de los egos. Tenemos una real experiencia de quienes somos cuando soltamos todos los significados viejos de la mente y nos sentimos bien sin causa aparente. Para algunos muy adheridos a lo falso, soltar les puede causar vértigo e incomodidad, pero sólo hasta que tomen experiencia. En verdad, las defensas del ego únicamente nos ocultan de la luz radiante de nuestra impecable identidad real, ahora velada por una culpabilidad inventada.

Alguien puede decir: “No se qué hacer cuando pienso en eso, más que sentirme mal”. Sólo sentirse mal es la opción más dura. Es a través de nuestros juicios que perpetuamos las causas que producen malestar. Cualquier valoración ya sea positiva o negativa es suficiente para darle existencia a algo, que puede ser tanto verdadero como falso. Así que la clave del bienestar estriba en dejar ir o soltar toda percepción mental de dolor, apego o ira. Cuando decimos “te amo, perdóname” o “entrego este pensamiento”, es cuando comenzamos a sentir una nueva voz, nuestra poderosa guía interior. Hemos entregado a lo Divino todo lo que teníamos, nuestro niño interno. Luego de esto hay una experiencia de liviandad esperada.

De criaturas, nuestros padres nos enseñan que ni bien sentimos una incomodidad en el vientre podemos y debemos liberar. Como adultos, sentimos esos mismos síntomas y corremos al baño, ya sabemos que hacerlo es una experiencia placentera, otras veces no tanto, pero obligatoria. Sin duda nadie escogería ponerse a especular en los momentos de presión intestinal. De la misma manera, la conciencia también se estriñe si no liberamos con idéntica determinación. Muchos de los pensamientos y sensaciones que sostenemos a diario son sencillamente residuos tóxicos de experiencias pasadas que no largamos, que no soltamos, que no perdonamos.

Vamos comprendiendo entonces, como las imágenes mentales de dolor, apego e ira aparentan ser una ganancia o beneficio porque el ego así las considera. En verdad, cualquier incomodidad en la mente surge para su liberación y para que tengamos la experiencia de que somos y estamos más allá de ella. Las incomodidades están allí para que ahondemos en soltar y fluir, para vivenciar que nunca perdemos y que vivimos siempre, allende la forma y el tiempo, unidos en el insondable amor de Dios.

Publicado en El Ciudadano el sábado 16 de julio: http://www.elciudadanoweb.com/?p=242286

El Mundo, Proyección del Ego

Por Rodrigo Joaquín del Pino

Por estos días estamos arribando a la conclusión de que nuestra dimensión espiritual no está constituida por la adopción de un dogma o sistema de creencias, sino más bien de la aceptación profunda de quiénes somos, más allá de un contenido acumulado y “aprendido”. El niño es amado sólo por ser el hijo, más allá de los logros que vendrán en su futuro. Su mayor y único valor es el hecho indudable de ser. En los escritos Védicos de la India se encuentra una aseveración que dice: “Todos fuimos concebidos del Amor Perfecto y por lo tanto también somos amor”. Esta idea es muy profunda y se puede vivir toda la vida con ella, sentirnos completos y hasta fundar naciones. Ninguno de nosotros tendría la necesidad de ningún invento agregado para ser amado por todos, en ningún momento de nuestra existencia.

En este punto asociamos la felicidad que tanto buscamos con el encuentro de una identidad sin límites. La pregunta detrás de todo lo que hacemos es: ¿quién soy? Detrás de la pareja que elegimos, de la ropa o los títulos, buscamos la respuesta. Pero el ego nunca sabrá quién es, pues él mismo es la composición de las imágenes que suplantaron al verdadero yo. Por tal motivo busca en el mundo todo tipo de relaciones para constituirse. La identificación principal del ego es con el cuerpo y todo aquello que constituye un refugio para este.

Al ser el cuerpo un objeto, físico, separado de los demás y falible, se instala en él, como principal invitado, mental el temor y el deseo. Este proceso inconsciente, que luego es defendido mediante un sistema de creencias que parece obvio, nos separa aún más del amor natural que proviene del hecho de Ser hijo de un Universo Abundante.

El mundo no es objetivo sino subjetivo, la persona anoréxica se ve obesa en el espejo. Dos científicos miran un mismo objeto y cada cual lo ve diferente según sus patrones mentales. En la nota anterior, explicamos que las creencias acumuladas en la mente subconsciente forman el campo perceptivo o mundo que vemos. Podemos cambiar lo que miramos si de hecho cambiamos lo que sentimos cuando lo miramos. Allí reside la libertad: en la antesala del pensamiento.

Mientras haya pensamientos y sensaciones de temor habrá ego. El ego crea una proyección que justifica la permanencia del temor. Éste fabrica un mundo de ataque y defensa y no puede percibir el amor. Enfermedades, miserias, escasez, violaciones o injusticias. El ego vive a través de su proyección, pero ésta se desvanece si es observada sin juicios, aceptada y entregada a la fuente del amor o divinidad.

Señalaremos un concepto de meridiana importancia a la hora de comprendernos más y ascender a grados de liberación más profundos en la vida cotidiana: no puedes percibir nada que no te pertenezca, eres cien por ciento responsable de tu realidad. Esto sorprende a veces, ya que en general el ego trabaja bajo una fuerte convicción de ser víctima de variadas circunstancias.

Todo se comprende mejor cuando nos enteramos que la mente subconsciente vuelve realidad, y de manera muy dinámica, cada pensamiento guardado no sabiamente perdonado o soltado a su debido momento. En las relaciones, este hecho es reflejado de inmediato: vemos en los demás todo aquello que en verdad no hemos podido aceptar, abrazar, amar o perdonar en nosotros. Si no nos gusta la realidad que vivimos hay que liberar los patrones que la sostienen, que son siempre nuestros pensamientos erróneos.

Como ejercicio, suelta y libera cualquier pensamiento o emoción que te incomode durante el día, sabiendo que de una manera u otra es tu producción inconsciente, ya que está en tu realidad. Puedes decir “Te amo”, internamente, a todos aquellos pensamientos que invoquen en ti incomodidad, tal como en el arte de resolución de problemas hawaiano denominado Ho’ Oponopono. Grandes cambios emergen en tu realidad al liberar tus patrones mentales de pensamiento erróneo por medios de pequeñas frases como “lo siento”, “te amo” y “gracias”. El mundo tal como lo vemos y sentimos no es más que partes nuestras que el ego sacó afuera para poder juzgarlas (negarlas o bien desearlas). Esta proyección del ego individual y colectivo constituido por este mundo dual que percibe ataque y defensa requiere ser observado, liberado y llevado a cero, antes, en la mente individual.

La paz y la felicidad es la herencia de una mente que no cree en las ilusiones. ¿Y cómo podría alguien ser feliz si se ha negado a sí mismo?

En nuestros talleres de liberación de creencias proponemos un ejercicio que consiste en ponernos en parejas frente a frente y sostener la mirada unos minutos. Entre otros descubrimientos, obtenemos percibir que lo que pensamos de nosotros lo transferimos al sentir del otro. Luego descubrimos que cada persona es un espejo único que nos muestra algo nuestro. No siempre es agradable. Pero la idea es descubrir que era sólo un juicio. Y que podemos soltarlo, liberarlo y más tarde reírnos, al comprender que no existía en el mundo sino en nuestra mente. Cuando señalamos el ego de otra persona nos estamos privando de la visión real de quién es, y por lo tanto, de la nuestra propia. El ego ve egos por todos lados y el Ser la inocencia en todo.

Concluimos expresando que cada persona-espejo nos mostrará algo nuestro, brindándonos una posibilidad de soltar pensamientos erróneos en nosotros, y así estar más livianos y cerca de nuestra identidad real incondicionada. Liberar un pensamiento recurrente sobre algo o alguien puede, sin duda, hacer que se cambie una conducta o se sane una afección corporal. Liberar pensamientos erróneos constituiría una base fundamental del trabajo interior.

El Ciudadano del sábado 18 de junio.

http://www.elciudadanoweb.com/?p=232459

Escuchas a Rama:

MIÉRCOLES 19 HS EN SU CURSO DE MEDITACIÓN EN CLUB ESPAÑOL.
JUEVES DE 8 A 9 HS EN LA 99.5 FM RADIO DEL SIGLO.
VIERNES DE 11 A 12 HS EN LA 105.1 FM POR SIEMPRE RADIO.
SÁBADOS EN DIARIO “EL CIUDADANO” en la columna “Vida & Plenitud”.

Creencias que nos limitan


Por Rodrigo Joaquín del Pino

Estimado lector, la siguiente nota no tiene como objetivo satisfacer una vana curiosidad filosófica, sino la transformación del campo perceptivo de la mente. La mente se siente falsamente segura al acumular información pero no logra la paz ni el bienestar. Por tal motivo, podemos asumir que si hay información o datos que ya no funcionan en nuestra vida práctica –adquiridos por el proceso natural de la educación formal– pueden y deben ser reemplazados por otros que sí funcionen.

La antigua filosofía oriental no puede poner más énfasis en el hecho de que si el hombre aprende a ver al mundo de otra manera el mundo le devuelve el Ser que él es en verdad. El mundo, entendiéndolo como todo aquello que se despliega ante cada uno de nosotros como la aparente realidad, responde y refleja el contenido de su mirada. Al ser el mundo un reflejo de la conciencia observante, éste cambiará cuando el hombre sea capaz de liberarse de los patrones mentales que producen los acontecimientos de su vida.

Con liberar la mente queremos decir: observar y sustituir creencias subconscientes de limitación por las conciencias opuestas. Daremos un ejemplo. En general, cuando nos gusta alguien o algo, nos preguntamos de inmediato y de manera espontánea sobre quiénes somos nosotros como para obtener ese objeto de placer. Si usted es un hombre que al mirar a una mujer muy hermosa dice “¿a ella le gustará el tipo de hombre que soy?”, “seguramente ella ya tiene a un hombre mejor que yo y por tal motivo no me acercaré”; sepa usted que esta percepción no es la verdad del asunto sino su propia creencia subconsciente. Usted puede dejar de sabotear sus sueños si reprograma su mente de manera favorable. Dígase, por ejemplo: “Soy un hombre seguro y digno de una mujer bella”. Reconocerá una nueva libertad que transformará de hecho sus resultados.

Las creencias o –en sánscrito– samskaras, son un conjunto de pensamientos que forman un paradigma mental o campo perceptivo. Una creencia da lugar a la manifestación en el mundo físico de un determinado suceso. Luego, ese suceso esperado asentará aún más la creencia que la originó, lo cual producirá en nuestro mundo más de lo mismo, y esta dinámica continúa como un interminable proceso humano inconsciente. Si observamos, por ejemplo, que en algún área de nuestra vida nos es dificultoso alcanzar cierto objetivo, podemos entender ahora que esto se debe a la existencia de patrones internos de autonegación que no se han liberado aún.

La mayoría de nosotros nos levantamos cada día y salimos a confirmar nuestras profundas creencias. Que esta vida es difícil o que esta vida es hermosa y placentera. Que hoy me irá muy bien en el trabajo o bien será un martirio. Está en nosotros elegir el patrón mental, está en nosotros elegir el mundo en que vamos a vivir. La sensación de que yo no puedo cambiar las cosas también se debe a un patrón interno de pensamiento. Incluso podemos reaprender a ver, sentir y pensar acerca de la muerte. Proponemos en esta nota un primer principio a observar:

La vida no tiene un opuesto

La muerte es sólo una idea de limitación impuesta por el ego individual y colectivo que nunca notó que, de hecho, los cuerpos son los trajes y no las personas –llamaremos ego a la falsa identidad de nosotros mismos y Ser a la persona real que somos–. Este ego se transforma constantemente en el campo perceptivo individual con el cual vemos y sentimos la vida.

En los momentos actuales, el ego no puede percibir que las personas, al ser conciencia, son trascendentes a los cuerpos vehículos que utilizan. La idea errónea de ser el cuerpo viene producida por este ego que siempre posee una visión de falsa identidad. El ego necesita de lo ilusorio para vivir, por tal motivo sustituye la identidad trascendente del Ser por una identidad falible representada por el cuerpo físico. El ego nunca sabe quiénes somos en verdad ni tampoco quién es el otro.

La muerte crea tanta aflicción mental justamente para que el ego pueda nutrirse. Es un proceso inconsciente. En realidad nadie muere, sino que sólo los cuerpos físicos se abandonan tal como cuando uno sale de una habitación. Los maestros de las escuelas no hubieran podido enseñarnos estas cosas, ya que ellos mismos carecen de una percepción sin límite de la vida.

Los escritos védicos de la India declaran que la idea de la muerte es la originadora del miedo ancestral, fraccionado –para su mejor consumo– en cientos de preocupaciones cotidianas que nos bloquean la celebración abierta de la vida que todos somos. Y, en su contrario, nos queda la superficial pero muy común sensación de que la vida es una mera cuestión de supervivencia.

La idea de la muerte está íntimamente asociada con el cuerpo físico. Si la mente humana aceptase que el cuerpo es un valioso envase para 80 o 100 años, y que las personas, como conciencia, existen mas allá de tal envase, la idea de la muerte quedaría reducida al hecho más realista de ser apenas la prescindencia de un ropaje. La mente humana aun obtendría la inmensa ganancia de sentir la sensación de eternidad, libre por fin de toda sombra de temor.

Digamos entonces que la muerte no existe más que como una idea limitante durante la vida, y que es el ego –noción de cuerpo/identidad– el que nos la vende. Nuestros seres queridos siguen su destino en otra dimensión, y lo que en verdad sufrimos es su ausencia. Si sufrimos por amor, ese amor nos reunirá más allá de la forma y expandirá nuestra conciencia. Si el amor no muere entre los seres humanos, nada morirá ni hará distancia.

Querido lector, cuando las sensaciones que tenemos de nuestra vida son aún de supervivencia y no de celebración, hay trabajo que hacer. Tómese ahora unos segundos, cierre sus ojos, respire profundo y agradezca este momento en representación de todo lo que ha vivido hasta hoy. Toda creencia en la mente del hombre tiene que ser funcional a su experiencia y servir al propósito de celebrar la vida a cada instante. Le recomendamos por lo tanto pequeñas prácticas meditativas diarias. Encontrará gran alivio y luz en su silencio interior.
(Nota publicada en diario “El Ciudadano”, sábado 4 de Junio)

El mundo es “lo que pienso del mundo”

ENTREVISTA CON BIEN VERDE DE DIARIO LA NACIÓN.

ECOLOGÍA DEL PENSAMIENTO (Ver la nota completa en NOTAS EN PERIÓDICOS)

“El mundo está reflejando nuestros pensamientos individuales escondidos y no aceptados todavía”.

COMO AYUDAR AL MUNDO DESDE EL PENSAMIENTO. Entrevista a Rama para el Blog “Bien Verde” del diario La Nación, luego de su charla en Buenos Aires sobre la Libertad interior, este jueves 9 de Junio pasado. Rama explica como ayudar al mundo desde la perspectiva de la responsabilidad por los pensamientos que tenemos.

Oración & Meditación

Reportaje a Rama (Rodrigo Joaquín del Pino) para Revista Women’s Health (Diciembre 2010 Bs. As.)

¿Que es la oración hoy?
Desde la perspectiva oriental, puedo decir que la oración hoy es hablar abiertamente, sinceramente y de manera íntima con tu Fuente, Universo o Dios. Tal como lo harías con una persona de tu mayor confianza. No habría cuestión de analizar que concepto tienes de esa Fuente Divina de la Vida, ya que solo significaría darle lugar al temor y al control característicos del falso Ser mental o ego que vive y se siente desconectado de todo lo que existe. Ya que la Fuente de la Vida es consciente, todo pensamiento o sentimiento profundo se muestra como una oración al Universo. Así, oración es: saber que lo que pienso, siento, pido y agradezco consciente o inconscientemente se vuelve mi realidad física debido a la unión potente y constante que tengo con el Universo.

¿Cuál es el poder del rezo?
Es de máximo poder creativo! Si rezas o te comunicas con la Fuente con temor o con culpa, un concepto interno de ti de que no mereces sentirte bien ni desplegar tu sueño, seguirás manifestando todo tipo de situaciones para que te sientas culpable, con miedo y sin encontrar lo que amas. Esto es un proceso inconsciente y creado por la fidelidad a un viejo amor disfuncional. Si en tu oración, rezo o comunicación constante agradeces la vida que has tenido, te alineas vibracionalmente con tu bienestar y paz interna, y creas para ti una quietud tierna y dulce en conexión con la Fuente del Amor; entonces ese ya se esta volviendo tu mundo. Las personas y las situaciones solo pueden traer para ti más de lo que aprendiste a sentir en tu conexión.

Maldiciones, insultos y pensamientos negativos tienen el mismo poder.

¿Cuál es el significado ancestral de rezar?
En sanscrito oración o rezo se denomina vandanam. Es el lugar donde puedes poner en palabras tu conciencia y expandir. Es poder creativo puro. Es intensión, convicción y palabras en un solo acto. El el lugar de intersección entre el poder divino y los mundos. También es el lugar de placer, de conexión y de pura identidad. Es hablar con Dios.

¿De donde nace?
No nace de las oraciones prescritas en las escrituras, ni de los maestros fundadores de las religiones. Nace de los corazones enamorados de la Vida que se comunican con la Fuente a través de los árboles, las plantas, las nubes, el canto y aprendieron a danzar. Nace del llanto, la mirada o de la sonrisa en profundo trance de gratitud.

¿Qué es un mantra?
Mantra es un sonido puro, no inventado, preestablecido por un maestro genuino ya iluminado. Generalmente en sanscrito el cual no es un idioma en primera instancia. El proceso de mantra es diferente al de rezar. Es fundirse en una vibración sonora por medio de la repetición constante, generalmente de un nombre divino. No hay reflexión como en el caso del vandanam u oración, pero se ejecuta con una convicción y conceptos muy claros en la mente. Es un método iniciático que se transmite de maestro a alumno.

¿Para que sirve?
Sirve para penetrar las capas internas y desbloquear el ananda o felicidad sin límites que se haya profunda en la conciencia. Se utiliza como proceso para el Despertar Espiritual.

¿Qué significa meditar?
Centrarte unos momentos en tu paz interior, en tu identidad profunda más allá de los limites del tiempo y del espacio. Es tu lugar de fuerzas y significados profundos. Puedes meditar recitando un mantra u orando, también en silencio interior o visualizando. Es importante la técnica de liberar creencias limitantes que ya no te sirven. Esta es una técnica ambulante que se realiza apenas surgen los samskaras o impresiones mentales a la superficie de la mente conciente. En últimas, medios que te llevan a sentir de inmediato quien eres Tú realmente.

¿Para que sirve?
Para todo! Es un centramiento de conciencia dirigido a despertar tus potencias internas latentes que darán energía o vitalidad a todas tus relaciones: con tu cuerpo, tu mente, tus emociones, tus vínculos, tus estudios y tus percepciones de la Vida y el Mundo.

¿Meditar se relaciona con alguna religión?
Puede ser o no. Pero las religiones de esta era desde hace 5000 años tomaron el hecho de meditar de la observación de que el hombre espiritualmente inclinado medita, sea religioso o no.

¿Quienes pueden meditar?
Todos! Niños y grandes! Considerando que existen meditaciones ambulantes que duran segundos, se puede realizar en el bus, en parques o plazas, en el trabajo para recuperar concentración o en el auto.

¿Cuáles son los beneficios?
Liberación de tensiones psicofísicas y manejo del estrés, gracias al relajamiento consciente. Limpieza del subconsciente, eliminándose recuerdos de dolor y emociones negativas. Aumento de las defensas orgánicas mejorando la salud. Reducción de la actividad del metabolismo, logrando un gran descanso y la recuperación de energías. Debido a la producción de niveles alfa en el cerebro la imaginación creativa y la intuición se despliega etc.

¿Que lugares son inspiradores para meditar en Argentina?
Son aquellos lugares donde hay un contacto profundo con la naturaleza. Aquellos lugares impregnados de la presencia de seres elevados. Lugares donde se congregan muchos hermanos con el mismo propósito. Lugares que en especial te prodigan confianza y relajación. Templos y asramas alrededor del mundo y lugares donde puedas encontrarte con maestros genuinos del espíritu cargados de amor y afecto por la gente.

¿Con que frecuencia es recomendable meditar?
Con preferencia en la mañana temprano con la salida del sol denominado Brahma-muhurta o periodo de luz. Los primeros momentos al despertar son los indicados para apaciguar la mente y cargan de energía el día completo. Luego se puede volver a meditar en el atardecer o cualquier otro momento disponible. Es importante crear un hábito en la meditación y evitar los esfuerzos esporádicos. Es preferible comenzar con poco tiempo y mantener el acto meditativo por largo tiempo.

Podrías indicarnos una breve meditación guiada para que alguien pueda acercarse al estado de meditación.
Siéntate cómodamente y concéntrate en la respiración, en el aire que entra y que sale a la altura de la nariz. Con quietud y paz observa por al menos 5 minutos. Si los pensamientos llegan, vuelve a concentrarte en la respiración.

En cualquier momento del día acostúmbrate a sentir el interior de tu cuerpo. Siente la energía de tus manos o piernas y así puedes recorrer todo el cuerpo. Siente cada parte. Si el pensamiento llega, obsérvalo y luego vuelve a sentir el cuerpo. Estas llevando luz, conciencia y sanación, además de liberarte de grandes cargas de miedo subconsciente que llega en forma de pensamiento compulsivo.

Recuerda preguntarte durante el día si lo que estas pensando es lo que realmente deseas, si no es así, libérate de ese acto inconsciente de pensamiento y elige deliberadamente pensar aquello que tanto amas. El sueño de tu vida. Luego puedes decir el mantra rama “Soy felicidad”, para impregnar tu acto creativo.

Namasté!

Rodrigo Joaquín del Pino (rama)

www.humanodivino.com

Conferencia de Rama/9 de Junio/Buenos Aires

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